Ruth Lorenzo: «Siempre he tenido que aprender a base de hostias; suena mal, pero ayuda mucho»
La cantante presentará en un concierto en la sala Mamba de Murcia, el 24 de abril, el disco ‘Backsheep’, de su nuevo proyecto Ruth, en el que regresa a sus raíces rockeras junto a los músicos Sergio Bernal, Ricardo Ruiz, Nando Robles y David Lozano. «Somos gente de más de 40 años tocando como si tuviéramos 18 y que ya no tiene que demostrar de más»
CARLOS GARCÍA, MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ y ÁLVARO RABADÁN (fotos y vídeo)
Hay un momento en la vida de todo artista en el que el espejo devuelve una imagen en la que no se reconoce. Para Ruth Lorenzo, ese instante ocurrió el 9 de noviembre de 2022 en el Teatro Eslava. Allí, ante el asombro del respetable, se cortó el pelo en directo. No fue un arrebato estético; fue un exorcismo. La murciana (de Murcia, por mucho que Wikipedia diga que es de Las Torres de Cotillas) mandó al carajo los contratos de un millón de libras, las cláusulas de imagen del patriarcado musical y el corsé de un pop amable que nunca terminó de ser su casa. Aquella noche, cual Sansón a la inversa, recuperó la fuerza de sus raíces.
Ahora, Ruth vuelve a Murcia para presentarnos ‘Blacksheep’, un proyecto que es, por encima de todo, un acto de insurrección sonora. Olviden las bases programadas y el autotune de manual. Para este viaje al centro de la Tierra –o más bien a los años 70–, Lorenzo se ha rodeado de una guardia pretoriana de músicos que no tocan, apisonan. Hablamos de Sergio Bernal, Nando Robles, David Lozano y Ricardo Ruiz. Una banda de tíos de más de 40 años que le pegan a los instrumentos como si tuvieran 18 y nada que perder.
El disco, grabado en los legendarios estudios Real World de Peter Gabriel, huye del frío digital para abrazar la cinta analógica. «Quería ganarle a Spotify», confiesa Ruth entre risas, y lo ha hecho capturando esa vibración eléctrica que solo ocurre cuando cinco personas sudan juntas en un local de ensayo. Con Sylvia Massy a los mandos de la mezcla y un sonido que busca la frecuencia punzante del hard rock más puro, ‘Blacksheep’ es el refugio de quienes se sienten fuera del sistema.
El próximo 24 de abril, la Sala Mamba de Murcia será testigo de este regreso a las salas, el hábitat natural de una mujer que hoy se siente más libre que nunca cantando en inglés y versionando a Led Zeppelin o Queen. Porque, al final, la cabra siempre tira al monte y la oveja negra, si tiene el talento de Ruth Lorenzo, siempre acaba liderando la manada.
–¿Cuál fue el detonante exacto, si es que lo hubo, que te hizo decir basta con lo que hacías, salir del rebaño y apostar por un género menos comercial como el rock?
–Pues mira, ahora mirando hacia atrás sí que recuerdo que hay un momento exacto. Estaba metida en un contrato infernal con el que no podía sacar música. Había trabajado en un disco de pop alternativo que se iba a quedar en el cajón y entonces decidí hacer un concierto para rebelarme un poco. Me corté el pelo en directo en el escenario [en el Teatro Eslava de Madrid, el 9 de noviembre de 2022]. Cumplía 40 años esa noche y me corté el pelo y yo qué sé, me pasó como a Sansón, pero al revés: cogí fuerza. Y ahí fue como el último concierto que hice de los proyectos anteriores. Después también canté en el Teatro de la Zarzuela, con un ‘sold out’ precioso, todo mi repertorio anterior, y esa noche me juré que necesitaba hacer otra cosa en el escenario. Necesitaba volver a mis raíces y necesitaba una banda.
–Y por si fuera poco disruptivo en el panorama actual apostar por el rock, lo haces además en inglés.
–Sí, yo siempre rizando el rizo. Toda mi carrera ha sido un poco... Cuando me volví desde el Reino Unido fue como que me decían ‘tienes que cantar en castellano porque estás en España’ y ‘necesitamos que hagas pop en español para que encajes dentro de lo que vemos para ti’. Y yo un poco cedí en aquella época. Y ha pasado lo que tenía que pasar, que la cabra tira al monte. Si es que al final crecí en Estados Unidos. La música que aprendí más de joven, de pequeña, desde los 9 hasta los 16 años, era blues, rock… Es que no iba a poder ser de otra manera y, además, como que parece que en Murcia es algo que está permitido. Aquí no es raro que haya una banda que cante en inglés. Pues dije, me vuelvo para mi casa y esta vez voy a hacerlo como me dé la gana.
–A lo largo de tu carrera has pasado por registros y formatos muy distintos, ya sea la televisión, el pop más ‘mainstream’ y, obviamente, Eurovisión, que, por cierto, tu décimo puesto es el segundo mejor resultado de España en los últimos 20 años en el festival.
–¡Qué fuerte!
–¿No lo sabías?
–No, no... Viéndolo así, como que muy bien, ¿no?
–Para estar orgullosa.
–Joder, guay. Si hubiese llevado algo rock, habría ganado.
–Entonces, ¿crees que podrías volver a participar?
–No lo sé. ¡Uf! Calla, calla, lo pienso y se me ponen los pelos de punta. Eurovisión es un camino arduo.
–Tal vez con otro país, tipo Noruega.
–No sé. Bueno, voy a contar algo curioso, y es que juré y perjuré que nunca me presentaría a Eurovisión. Igual que juré y perjuré que jamás iría a un programa de televisión a cantar. Y luego acabé haciendo ‘The X Factor’ [en 2008, en la versión británica] y después acudí a Eurovisión. Entonces, hoy por hoy juro y perjuro que nunca voy a cantar en el Madison Square Garden (risas). No sea que pueda pasar. Pero sí, juré y perjuré que no me presentaría nunca a Eurovisión y esto lo dije porque a mí me pidió Irlanda ir al festival cuando vivía en Reino Unido. Y no lo tenía del todo claro. Lo que pasa es que luego las ideas cambian y ves que a lo mejor necesitas un impulso en tu carrera para ciertas cosas y dices ‘venga, voy a probar este camino’.
“Aquí no es raro que haya una banda que cante en inglés. Pues dije, me vuelvo para mi casa y esta vez voy a hacerlo como me dé la gana”
“La clave de todo fue dejar fluir el proyecto sin intentar moldearlo”
“Si hubiese llevado algo rock, habría ganado”
–Toda esa mezcla de contextos que has vivido hasta ahora, ¿te ha ayudado a tener una perspectiva diferente sobre la industria musical? Porque, evidentemente, este proyecto marca un antes y un después en tu carrera.
–Lo bueno que ha tenido todo eso que me ha pasado es que he aprendido mucho. Fíjate, si cuando en mi época en Inglaterra el hecho de fichar con EMI y dejar un contrato millonario, o sea, devolver un contrato de un millón de libras, ya pensaba yo que me había enseñado, pues realmente hay mucho más. Aprender a base de hostias suena mal, pero es que se aprende mucho. Y yo no sé por qué, a lo mejor es por cabezonería, pero siempre he tenido que aprender un poco así. Soy muy confiada y siempre creo que la gente no te vende nada para su beneficio, porque yo nunca lo haría. Entonces, nunca pienso mal de nadie. Y he estado en situaciones a nivel contractual y dentro de la industria que jamás me imaginé que podían suceder, desde sufrir el látigo del patriarcado firmando cláusulas en las que no puedo ni engordar dos kilos o cambiar de imagen durante un proyecto. Que te puede dar un problema de tiroides y engordar o simplemente yo qué sé, cualquier cosa. O verme en situaciones donde si no te quedas a una ‘afterparty’, que va a haber ciertas situaciones que no van a ser cómodas, ya es como que te quedas fuera. Yo nunca he pasado por el aro en ese sentido, siempre he tenido las ideas muy claras y nunca he querido que se dijese de mí que he conseguido las cosas por otro medio que no sea mi propio esfuerzo, talento y trabajo. Entonces, eso a lo mejor hay veces que tiene cierto castigo.
–Muchos artistas hablan de que su libertad creativa crece mucho cuando se independizan. ¿Qué fue lo primero que te permitiste hacer en este proyecto y que no habías podido hasta ahora? ¿Cuál es el mayor riesgo que tomaste?
–Simplemente el hecho de montar mi banda en Murcia, y pasar de Madrid o Barcelona, que es lo típico, y hacer rock en inglés, ya creo que está bastante bien. Y luego el tema de la composición con la banda ha sido espectacular. Fue muy emocionante entrar al local de ensayo sin nada a las 9 y media de la mañana, y tres horas más tarde tener un tema completo y que encima tuviera la calidad para entrar en el disco. Y, dentro del propio proyecto, que colabore conmigo el coro de la Fundación de Alice Cooper, grabar en los estudios Real World [ubicados en Bath, Inglaterra, y cuyo dueño es el músico Peter Gabriel] y hacerlo en cinta analógica, o por ejemplo promocionar el disco en ‘OT’ con ‘Don’t break my heart’, que es una canción rarísima y que de repente es de mis favoritas y le encanta a todo el mundo. Creo que el hecho de dejar fluir y de no intentar moldear el proyecto ha sido la clave de todo.
Ruth Lorenzo, en dos momentos de la entrevista, grabada en Loft 113, en pleno corazón de Murcia, en el barrio de Santa Eulalia. / ÁLVARO RABADÁN
–¿Qué tal va la gira?
–Pues estoy alucinando un poco, porque siempre he querido hacer una gira de salas. Empecé cantando en ellas y les tengo un amor especial porque el contacto con el público es muy directo y puedes ver su reacción real. Allí no hay trampa ni cartón. No están emocionados porque había un fogonazo o porque hay una escenografía. Es tan de cerca que cualquier cosa es muy real. Entonces, ver a un público que se entrega como se está entregando, como el ‘sold out’ de Valencia o el otro día en Zaragoza, que lo estaban cantando todo y en inglés. Estoy muy emocionada de ver la electricidad en el público y la conexión que se genera con nosotros. Y también por la despreocupación de la banda. Salimos ahí a divertirnos, a disfrutar. Y eso se nota mucho. Somos gente de más de 40 años haciendo música como si tuviéramos 18. Venimos todos con claridad mental y pegada, sin necesidad de demostrar de más.
–Sobre el tema de la banda y la decisión de grabar el disco en cinta analógica, es una opción que requiere un mayor esfuerzo por vuestra parte y en la que es más importante el papel de los músicos y vuestra conexión que lo que pueda hacer el productor después.
–Ah, claro. Con todo mi amor a Emilio [Esteban], que ha sido increíble, sobre todo a la hora de dirigir dónde íbamos a grabar y elegir qué ingenieros eran buenos para el proyecto, y que ha sido la cabeza que ha ido pensando qué piezas eran claves, la magia de la cinta es que lo que se toca es lo que se queda, no puedes maquillar nada. Y la vibración entre nosotros se plasma. Voy a nombrar otra vez ‘Don’t break my heart’. Es una canción que compusimos en 10 o 15 minutos. Volvíamos de la pausa del café en el barecico de la esquina como con energía y Sergio empezó a hacer cosas. Y de repente yo tuve que darle a grabar al móvil porque sabía que era un momento que estaba sucediendo que si no lo captábamos, se nos iba a escapar. Le dimos a grabar al móvil, tocamos la canción, hicimos nuestra movida con la letra y todo y después, cuando intentábamos tocarla otra vez, no podíamos. Teníamos que ir a la grabación. Y con el disco pasaba algo similar. O estábamos conectados en el momento o nada. Es una canción muy puta, porque está muy viva. Eso demuestra que si se capta lo que sucede entre nosotros, es magia. Y claro, cada cinta acepta como cuatro tomas de cada canción. Borramos muchas tomas porque hicimos en total unas 150 y pico de todo el álbum en cinco días. Ya llevábamos el disco ensayado un año para ir a tocarlo, porque no teníamos presupuesto para estar más días de la cuenta en el estudio. De hecho, Sergio acabó con grietas en las manos. Se tuvo que poner esparadrapo, porque no podíamos parar de tocar. Es que fue impresionante.
Spotify y el sonido
–Es una experiencia radicalmente distinta a Pro Tools y la producción digital.
–Lo de la cinta es real. Rafa Sardina fue el técnico de sonido que se vino con nosotros a hacer la ingeniería y teníamos muy claro cómo queríamos que sonase el disco. Buscábamos una sala que tuviese muchísima altura para la batería. Era lo más importante. Quería que sonase como un ‘Tyrannosaurus rex’ entrando, y ahí fue cuando Emilio dijo que el único estudio que conocía así era Real World. De todas formas, por si pasaba cualquier cosa, Rafa iba grabando simultáneamente en Pro Tools, por si se nos pierden las cintas, se quema el proyecto o lo que pudiera pasar. Y, entonces, cuando ya estábamos satisfechos con la toma, nos hacía salir fuera y nos ponía Pro Tools, y ¡joder, cómo sonaba! Y de repente cambiaba la cinta y hacía todo como ¡uuuuuaaaah! Era como ¡aaaaggh!, un sonido fantástico. Entonces, de primera mano, lo vives. Muchas veces lo haces como si fuera algo romántico, en plan ‘voy a grabar en cinta analógica porque…’. No, no, no... Es que es real. El cambio de sonido es real. Y una de las cosas que quería era ganarle a Spotify.
–¿A Spotify?
–Sí, en el sentido de que tú grabas de puta madre y luego llega a Spotify y lo pasa por un máster que te reduce todas las frecuencias del sonido. Mi obsesión era que cualquiera que utilice Spotify, que no se compran los vinilos o que no escuchan Tidal, pudiesen escuchar el disco y dijesen ‘¡joder, cómo suena esto!’. Cuando salió el disco, lo probé en mi Fiat Cinquecento. Iba en el coche y puse el primer tema y me dio un ataque de risa: ‘¡Sííííííí! ¡Que te jodan! ¡Te he ganado!’. O sea, porque realmente el sonido es diferente. Y ya me puedo morir tranquila. Soy una friki, eh. He conseguido que Spotify no me pueda comprimir el sonido. Sylvia Massy, que sido quien ha mezclado el disco, hizo un trabajazo.
–Has grabado en el disco con gente muy top a nivel nacional e internacional como Emilio Esteban, Nicolás Martínez de la Fuente, Rafa Sardina y Sylvia Massy, pero la banda es medio murciana.
–Claro, Sergio y Nando.
–Nos llama mucho la atención lo de Nando, que nos parecía de lo mejorcito de Second, pero sinceramente no lo veíamos haciendo hard rock.
–Es que creo que Nando ha estado como esperando salir. Para mí es clave en el proyecto, porque no toca el bajo como el típico bajista. Tiene una manera muy peculiar de tocar y de hacer ‘riffs’, que van con la voz. Entonces todo tiene muchísimo peso y dentro de la composición es esencial. De hecho, muchas veces estoy hablando con David, ‘a ver, mira por aquí, mira por ahí’, y Nando, que está a su bola tocando algo, de repente me giro hacia él y le digo: ‘¡Eso!’. Y él me dice: ‘Pero tía, esto es lo más ‘random’ que he hecho’. Pues eso es lo que más me gusta. Porque su esencia es brutal y es un bajista bueno y en el directo tiene un rollazo.
–Es como un bajista de motown que hace ‘riffs’ que acompaña a la cantarte en vez de pensar en la batería
–Exacto.
–Entonces, es otra oveja negra.
–Somos todos unos frikazos buenos. Realmente mola mucho el rollo entre nosotros. Nando, de hecho, decía que juntos lo que hacemos es elevar nuestra individualidad y todos juntos somos ‘blacksheeps’. Somos esas ovejas negras y se ha generado este sonido. De hecho, Sergio Bernal, después del bolo, cuando llegamos al camerino me mira en plan ‘creo que me voy a morir’. El concierto es muy intenso. Es una hora y cuarto muy intensa. Y luego David apisona el mástil de la guitarra. He trabajado con muchos guitarristas. Mi favorito es uno con el que tuve la oportunidad de trabajar en varias ocasiones y al que adoro con todo mi corazón, Jeff Beck. Él me enseñó a grabar guitarras y la diferencia que hay entre virtuosismo y tocar, o sea, apretar el mástil. Ese apretar el mástil es superimportante para sacar el sonido gordo de la guitarra. No es tanto el ‘tiruraririru’ y luego amplificarlo. Es cómo aprietas. Y, claro, David aprieta que se te va la cabeza. Y siempre está con que si tiene tendinitis o no sé qué. Porque, claro, aprieta el mástil de una forma impresionante. Y luego está Ricardo [Ruiz, teclado], que es ácido. Es esa chuchería que te hace decir ‘¡buah, colega!’. Porque tiene mucho jazz tocando, hace cosas con el Moog que son muy guapas. Y a mí me encanta cuando se deja llevar. Hay un momento en el que deja de pensar y entonces empieza como en su movida y ahí es cuando está Ricardo y dices: ‘me encantan tus mierdas’. Es muy bonito trabajar juntos. Es mi parte favorita, meterme al local de ensayo, estar componiendo o ir en la furgo, hacer las pruebas de sonido porque siempre nos sale algo y nos tenemos que poner ahí a grabar.
–En los conciertos estáis haciendo versiones de clásicos de Queen, The Animals y Led Zeppelin. En el concierto de la plaza del Belluga de Murcia, por ejemplo, tocasteis ‘Inmigrant song’. Durante la época de composición del disco, ¿qué bandas fueron como vuestra brújula sonora?
–Diría que hemos hecho improvisación total. Creo que lo bueno es que las referencias que pueda tener yo integradas de la música que he escuchado durante toda mi vida son diferentes a las de Ricardo, Nando, Sergio y David. O sea, por ejemplo, David dice que ‘The night after tonight’ suena mucho a Jeff Buckley. Sin embargo, para mí es muy Fleetwood Mac. Y cada uno tenemos una referencia a la hora de describir esa canción, porque cada uno tenemos la nuestra. Pero no hemos hecho un trabajo de decir ‘vamos a escuchar a tal banda’. En lo que sí incidí mucho es en qué frecuencias había en los años 70 y qué era lo que hacía que la música de aquellos años no podamos dejar de escucharla, porque es lo que está pasando. Greta Van Fleet estuvo dos días antes de entrar nosotros al estudio y, por cierto, me terminé su vino, que dejaron ahí unas botellas, y le fundí la vela. A Greta Van Fleet los oyes y todo lo que hacen es basarse en el sonido de los años 70, y hay muchas bandas que hacen eso. Y el motivo es porque es una música atemporal. Entonces, en lugar de decir que vamos a buscar estas bandas, yo cogí el sonido general de los 70, desde Aretha Franklin hasta el rhythm and blues. ¿Qué pasaba en el rock y en el hard rock que estaba empezando a surgir? ¿Qué es lo más significativo de ese sonido? Y realmente son unas frecuencias que están en unos tonos medios que son muy punzantes, pero que al grabar con cinta eso se suavizaba, y ya no sonaba tan estridente, pero era como un cuchillazo en el corazón. Entonces, más que bandas, hemos ido buscando frecuencia de sonido.
–Es curioso que digas lo de Aretha Franklin, porque en ‘Tu cara me suena’ sorprendiste al público al interpretar un tema suyo. Y aunque con la banda puedes emular las válvulas, el sonido y las frecuencias de los años 70, luego necesitas a una ‘frontwoman’ que pueda cantar así.
–Sí es que estoy reencarnada, te lo juro. Creo que viví joven en los años 70 y morí de una sobredosis o algo y dije ‘venga, pues tengo que volver, pero esta vez no tomaré drogas’ (risas). Yo no tomo ni drogas ni bebo alcohol ni nada. Pero volveré y seguiré. Y entonces creo que lo he retomado donde me quedé. Pero, por ejemplo, en el concierto de la sala Mamba haremos una versión de ‘House of the rising sun’ y el público se va a cagar. Hasta yo me sorprendo cuando la estoy cantando porque me digo: ‘¿cómo le hemos hecho esto a esta canción que de repente suena nueva?’. Ahora también hacemos ‘Whole lotta love’, de Led Zeppelin, que tiene tanto sexo. Esa canción me encanta, y empezamos Nando con el bajo y yo. Le hemos dado también un gran cambio. Y de Queen hacemos ‘Tie your mother down’, que nadie se lo espera. Es una canción supercañera y bueno, no sé, lo estoy gozando un mogollón.
–Hablando del disco, hay una serie de canciones que son bastante distintas al resto, que algunas son incluso de tu época en Londres y que se salen de la línea del rock, como ‘I hate my life’, ‘Road rage’ y ‘The night after tonight’. ¿Por qué las quisiste incluir?
–Con ‘I hate my life’ quería hacer una introducción al disco para que te llevase a un lugar de ti a la hora de escucharlo, a una incomodidad o a un sitio donde encuentres algo de verdad en ti. Quería que te llevase a un color, a una situación… Todos hemos estado en ese momento de qué coño estoy haciendo con mi vida, ¿sabes? Y odio el momento en el que estoy y cómo he entrado yo sola en esta situación. Entonces, ‘I hate my life’ es ese canon vocal con órgano, como muy oscuro, y con la colaboración del coro de la Fundación Alice Cooper. Quería que fuese como una película sonora para llevarte a un lugar. En el caso de ‘Road rage’, es lo que se espera de una mujer, pero lo que ella va pensando por dentro. Suena a estoy aquí sentada correctamente, escuchando lo que me tienes que decir y aceptando todo esto que hay a mi alrededor, pero realmente quiero coger y matar a alguien. Estoy hasta el coño. Estás sonriendo por fuera, pero en tu mente estás volando los coches de la calle y estás diciendo ‘no puedo más con esta farsa’. Era volver a salir para volver a entrar, volver a darle ese color, porque la canción que iba después es ‘Don’t break my heart’, y para esa te tienes que preparar. No la puedes escuchar de cero. Es como cuando comes jengibre para cambiar de sushi. Pues ‘Road rage’ es el jengibre de este disco. Y luego está ‘The night after tonight’, que junto a ‘Sticks and stones’ y ‘The Game’ fueron las tres que compusimos el primer día de ensayo, sin conocernos.
–‘The night after tonight’ es la canción acústica de rigor en un disco de rock.
–David tenía como una idea y se puso a tocarla, y yo canté encima. Esa canción nació de una manera diferente. Les dije a los chicos una de mis flipadas, y con el tiempo han aprendido que cuando digo algo, es que lo hago. Les dije que nos íbamos a ir en barco a hacer un ritual. Y me miraron como pensando que esta tía está zumbada. Y luego dije que íbamos a grabar en Real World en cinta analógica. Y ellos: ‘Sí, claro’. Y que nos va a mezclar el disco Sylvia Massy. Y ellos: ‘Sí, sí, sigue soñando’. Un poco de eso. Entonces les dije de irnos en barco porque hay una luna llena superespecial. Y nos subimos a la embarcación, con un cuarzo blanco que tengo, que es el que utilizamos antes de salir al escenario, y ya dentro del agua, con la luna llena, hicimos el ritual. Todos estábamos en un momento en el que lo que veníamos viviendo se estaba derrumbando y se estaba creando algo nuevo. Entonces, estábamos justo en ese barco a la deriva, que no sabes qué va a pasar. Y fue superchulo porque cuando salimos del agua, Nando cogió una guitarrica y se puso a tocar ‘The night after tonight’. Lo hizo con la acústica, y yo había jurado y perjurado que no habría ni una canción acústica en el disco, pero tal y como la tocamos ahí, fue como un juramento de hermandad entre nosotros. Y tenía que estar.
Futuro y pasado
–Si miramos hacia el futuro, ¿qué tipo de artista te gustaría ser dentro de cinco años y cómo crees que ‘Blacksheep’ encaja dentro de ese camino?
–¿En cinco años? Pues realmente seguir esta línea. La gran mayoría de artistas montan una banda y luego empiezan su carrera en solitario, y yo lo he hecho al revés. Tuve mi carrera en solitario y me di cuenta de que estar sola no mola nada, que se está mucho mejor acompañada. Y me gustaría seguir mi trayectoria por donde estamos, indagar mucho más musicalmente. Ya hemos empezado esta artesanía que es imparable. Con el próximo disco, evidentemente, las cintas están en Real World esperándonos. Vamos a volver a grabarlo así, pero quiero todavía profundizar muchísimo más musicalmente y artesanalmente dentro del proyecto. Y, evidentemente, pues tengo un sueño. Mi ilusión es tener un bus de gira con sus cuartos de baño, sus literas, su zona de estar, una máquina de café y estar de gira más allá de las fronteras de España con la banda y que un día venga la mujer de Nando y al otro la de David y que estemos en familia, y tocar en una sala de 2.500 personas... Eso es lo que me encantaría hacer, con los perros por allí y el que tenga gato, que se lo traiga también. Un poco ir como una familia en el bus y hacer giras por ahí.
–Y si echamos la vista al pasado, ¿crees que puedes volver a atrás y cantar las canciones antiguas o estás en un punto de no retorno?
–Eso es difícil de responder. Ahora mismo me apetece hacer lo que estoy haciendo, pero he aprendido a lo largo de mi carrera que nunca digas nunca, porque luego me veo embarrada. Las canciones que ya he hecho, las hice desde el corazón también. Entonces, no tengo nada de lo que arrepentirme ni de lo que estar avergonzada, porque me ha traído hasta donde estoy y, sobre todo, me ha sostenido y me ha dado las herramientas económicas para estar donde estoy. Que me llama la empresa de fulanito porque quiere que cante ‘Dancing in the rain’ y me paga. ¡Cari, venga, que me están esperando las cintas en Real World! Entonces, todos hacemos cosas en esta vida que a lo mejor no te apetecen tanto hacer, pero que son necesarias para otro propósito.
Gracias a Loft 113 Murcia por cedernos el espacio para la entrevista
Y a Claudia Orellana y Son Buenos