Las diez mejores canciones de Arde Bogotá

 
 

En la semana en la que edita su tercer disco, ‘Manufacturas del Club de la Gente Sola’, repasamos, desde nuestra perspectiva, los temas imprescindibles, desde ‘Antiaéreo’ y ‘Exoplaneta’ hasta ‘Los Perros’, que explican cómo la banda cartagenera ha llegado hasta aquí sin dejar de mirar hacia delante


Hay grupos que necesitan una década para construir un discurso reconocible. Arde Bogotá necesitó bastante menos. Desde Cartagena, cuatro músicos consiguieron algo que no resulta sencillo en esta época: hacer canciones de rock que trascendieran el circuito habitual del género y llegaran a un público que, en muchos casos, quizá no se había acercado a una banda de guitarras en mucho tiempo. Lo hicieron con riffs, estribillos, una producción cada vez más ambiciosa y, sobre todo, canciones. Muchas canciones.

Esta semana… el 2 de octubre, para ser exactos, Arde Bogotá da un nuevo paso con la publicación de ‘Manufacturas del Club de la Gente Sola’, su tercer álbum de estudio y el motivo que nos lleva a detenernos, por un momento, en las diez canciones que mejor explican el camino recorrido hasta aquí. Un disco que vuelve a poner sobre la mesa una de las principales virtudes de la banda: la ambición por no conformarse con aquello que ya funciona.

El álbum ha sido grabado en Los Ángeles junto al productor Joe Chiccarelli, una elección que dice bastante de las dimensiones que ha adquirido el proyecto y, sobre todo, de las ganas de enfrentarse a terrenos nuevos. De salir de Cartagena sin dejar Cartagena atrás. De poner a prueba una fórmula que les ha llevado a convertirse en una de las bandas más importantes del rock nacional precisamente porque, cuando parecía que habían encontrado su lugar, han seguido buscando otro.

Y eso tiene especial mérito cuando los lugares de confort son, además, lugares de éxito. Arde Bogotá podría vivir durante mucho tiempo de lo que han creado hasta hoy y ya sabemos que funciona. Podría repetir una fórmula que ha llenado salas, festivales y recintos cada vez más grandes. Pero parece que su inquietud va por otro lado: desafiarse a sí mismos antes de que lo haga el tiempo.

Porque si algo ha demostrado Arde Bogotá desde sus primeros pasos es que detrás de la estética, de los grandes escenarios y de los millones de escuchas hay una obsesión evidente por componer. Por probar. Por buscar hasta dónde puede llegar una banda que todavía parece tener mucho camino por delante. Y eso complica bastante la tarea de elegir únicamente diez.

Estas son, desde nuestra perspectiva, las diez canciones que mejor explican quiénes han sido Arde Bogotá hasta ahora.

 

10. La Salvación

(Cowboys de la A3, 2023)

Probablemente habrá quien espere encontrar ‘La Salvación’ bastante más arriba en esta lista. Y sería perfectamente comprensible. Es una de esas canciones que han crecido especialmente bien con el directo, donde la interpretación de Antonio García y la dimensión épica de la banda consiguen llevarla a un lugar diferente. Hay emoción, hay épica y hay una sensación de estar asistiendo a algo importante.

Pero hay una pequeña trampa. ‘La Salvación’ no existiría exactamente como la conocemos sin ‘Exoplaneta’. No porque sea una peor canción, sino porque existe una relación evidente entre ambas. Una abre un camino que la otra continúa. Una mira hacia un lugar casi inalcanzable y la otra recoge parte de ese impulso.

Eso no le resta valor. Al contrario. Demuestra que Arde Bogotá ha sido capaz de construir un universo propio y hacer que canciones diferentes dialoguen entre sí. Y cuando llega el directo, ‘La Salvación’ adquiere una dimensión que en el estudio solo se intuye.

 

9. El Dorado

(La Noche, 2021)

‘El Dorado’ es una canción sobre perseguir algo que todavía no sabes si vas a alcanzar. Y, curiosamente, también es una canción sobre Arde Bogotá. La propia banda ha explicado que el tema puede leerse como una reflexión sobre el camino del grupo, los esfuerzos realizados para sacar adelante el proyecto y ese momento en el que todavía no sabes si todo habrá merecido la pena. Ahí está buena parte de su encanto.

Musicalmente, es una canción contenida, atmosférica, que va creciendo sin necesidad de correr. Las guitarras y los arreglos construyen una especie de carretera nocturna que parece conducir hacia ese lugar que da título al tema.

Y quizá lo más bonito sea que ‘El Dorado’ ha terminado adquiriendo un significado diferente con el paso del tiempo. Cuando la escuchamos hoy sabemos que aquella incertidumbre tenía respuesta. Pero la canción conserva intacta la sensación de no saber qué hay al otro lado.

 

8. Antiaéreo

(El Tiempo y la Actitud, 2020)

La canción con la que empezó todo. O, al menos, la canción con la que Arde Bogotá empezó a dejar de ser una banda que conocían unos pocos para convertirse en algo bastante más grande.

‘Antiaéreo’ tiene esa cualidad que solo poseen determinadas canciones: parece que siempre hubiese estado ahí. El riff entra, la batería empuja y entonces llega ese «entra mejor por detrás» que hizo sonreír a más de uno y lanzar alguna mirada de complicidad —o directamente lasciva— a quien tuviera al lado. Pero quedarse únicamente con la gracia de la letra sería injusto.

Hay una energía muy concreta en ‘Antiaéreo’. Una forma de tocar y de cantar que ya contenía muchas de las cosas que después hicieron crecer a Arde Bogotá: guitarras protagonistas, estribillo reconocible y una actitud descarada que no necesitaba demasiadas explicaciones.

Fue su carta de presentación. Y vaya carta.

 
 
 

7. Todos mis amigos están tristes

(La Noche, 2021)

Hay canciones que funcionan como una puerta de entrada a otras canciones y ‘Todos mis amigos están tristes’ es una de ellas. Aquí aparecen con bastante claridad algunas de las influencias que han acompañado a Arde Bogotá, especialmente ese rock británico de principios de la década de los 2010 que bandas como Foals llevaron hacia terrenos cada vez más oscuros y rítmicos.

Y lo interesante es que Arde Bogotá no parece tener ningún problema en enseñar sus cartas Al contrario. La banda habla de sus influencias, las reivindica y, de alguna manera, intenta que sus oyentes las descubran también. Y esto tiene todavía más mérito cuanto mayor se hace ese público. Porque cuando una banda pasa de tocar para unos cientos de personas a llenar recintos, el público deja de tener necesariamente los mismos referentes musicales.

Sembrar esas pequeñas semillas entre miles de personas también forma parte de construir una cultura musical alrededor de una banda.

Y ‘Todos mis amigos están tristes’ es una de esas joyas que quizá no siempre aparecen en primera línea cuando hablamos de Arde Bogotá, pero que explican perfectamente de dónde vienen.

 

6. Abajo

(La Noche, 2021)

Antes de llegar arriba hay que pasar por ‘Abajo’. La canción fue presentada como la primera parada del viaje de ‘La Noche’, un disco construido alrededor de las distintas fases de una misma noche. La propia banda definió ‘Abajo’ como una referencia a un estado de incertidumbre emocional y es que escuchándola se tiene esa sensación de estar en un punto intermedio. De no saber muy bien dónde estás ni qué va a ocurrir después. Las guitarras afiladas y el ritmo acelerado hacen que todo parezca suceder deprisa, como esas noches que comienzan sin saber exactamente dónde van a terminar.

Es también una de las canciones que mejor muestran el ADN inicial de Arde Bogotá: rock directo, energía y una letra generacional que habla de llegar arriba, volver abajo y quedarse por el camino.

Una canción que ya anunciaba que aquella banda de amigos tenía algo más que decir.

 

5. Veneno

(La Noche, 2021)

Otro riff. Porque si hay algo que nos gusta en Alternavivo son los riffs. ‘Veneno’ tiene uno de esos que entran por la puerta grande y se quedan. Pero la canción tiene además otro elemento que resume bastante bien una de las virtudes de Antonio García como compositor: la capacidad de introducir pequeñas frases que parecen inocentes y terminan viviendo en tu cabeza durante horas.

La fanta de limón es el mejor ejemplo. Una frase que podría sacarte de la canción. Una ocurrencia casi infantil. Un detalle aparentemente absurdo. Y, sin embargo, funciona.

Ese es un arte que Antonio domina especialmente bien: colocar cebos donde menos te los esperas. Frases o palabras que pueden parecer pequeñas, incluso anecdóticas, pero que terminan acopladas al subconsciente del oyente para bien, para mal o para siempre.

Mientras tanto, el riff hace su trabajo. Y nosotros, encantados.

 
 
 

4. A lo oscuro

(La Noche, 2021)

Hay una parte de ‘A lo oscuro’ en la que todo parece colocarse en su sitio. La influencia de los Arctic Monkeys de ‘AM’ se percibe en ese gusto por el groove, por la guitarra que no necesita correr para tener peso y por una oscuridad elegante que va mucho más allá de la distorsión.

Pero si hay algo que hace que esta canción esté aquí es su tramo final. El tema va construyéndose poco a poco hasta que llega ese momento en el que deja de parecer que estás escuchando una composición y empiezas, directamente, a flotar dentro de ella.

Es una de esas canciones que entiendes mejor cuando la escuchas con atención. No necesita el impacto inmediato de ‘Los Perros’ ni el carácter generacional de ‘Antiaéreo’. Necesita que te quedes. Y cuando te quedas, te lleva a lo oscuro.

 

Arde Bogotá en una entrevista con Alternavivo presentando ‘La Noche’. Suena, ‘A lo Oscuro’.

 
 

3. Exoplaneta

(La Noche, 2021)

El himno oficioso de una ciudad no se consigue simplemente escribiendo una canción sobre ella. Hace falta algo más. ‘Exoplaneta’ es una composición sublime y, probablemente, la canción que mejor representa esa relación entre Arde Bogotá y Cartagena. Una banda que lleva su ciudad por bandera, con orgullo, pero también con una voluntad evidente de reivindicarla.

No se trata únicamente de decir de dónde vienes. Se trata de conseguir que, cuando alguien escuche la canción, quiera saber de dónde vienes.

Y ‘Exoplaneta’ tiene además una dimensión que trasciende esa lectura local. Su sonido, mucho más atmosférico y expansivo que el de otras canciones del grupo, muestra a una banda que ya estaba buscando nuevos espacios en los que moverse.

De hecho, los propios integrantes reconocieron que les costó encontrar el lugar de la canción dentro de ‘La Noche’ y que la concebían también como una puerta hacia nuevas formas de explorar su sonido. Quizás por eso cierra el disco. Y quizás por eso funcione tan bien. Porque habla de los sentimientos más profundos que uno pueda tener, pero mirando hacia afuera.

Y porque, en cierto modo, también habla de Arde Bogotá mirando hacia el futuro.

 
 
 

2. Los Perros

(Cowboys de la A3, 2023)

Ese riff de guitarra. Y esa línea pesada de bajo.

Hay canciones que acaban tan manoseadas, tan utilizadas y tan presentes en todas partes que uno corre el riesgo de cansarse de ellas. ‘Los Perros’ ha pasado por ese proceso. Ha sido utilizada hasta la saciedad y, probablemente, la hemos escuchado muchas más veces de las que podríamos contar.

Pero hay que hacer un ejercicio de memoria. Volver a escucharla sin todo lo que vino después. Y entonces aparece una canción que es una barbaridad. Recuerdo como si fuese ayer cuando Claudia Orellana, manager por aquella época de la banda, me envió la canción unas semanas antes de lanzarse. Mi reacción fue escribir en el grupo de WhatsApp compartido con mis compañeros de Alternavivo y decirles «chavales, Arde Bogotá van a sacar una de las mejores canciones de rock que se han hecho en España en décadas».

‘Los Perros’ es también una respuesta bastante contundente a todos aquellos que todavía necesitan decidir si Arde Bogotá es una banda de rock o no. Que cada uno le ponga la etiqueta que quiera. Nosotros nos quedamos con cómo la música de guitarras ha vuelto a estar en el centro de todo gracias a ella.

 
 
 

1. La Torre Picasso

(Single, 2024)

Ocho minutos. En 2026 eso ya es casi una declaración de intenciones. ‘La Torre Picasso’ es una canción que exige algo que cada vez parece más difícil conseguir: atención. No está hecha para escucharla mientras haces scroll. No está pensada para que su mejor momento aparezca en los primeros veinte segundos. No funciona como una sucesión de estímulos diseñada para competir con otros quince vídeos antes de que termine el estribillo.

‘La Torre Picasso’ pide al oyente que se siente. Que la escuche. Y que entre en ella.

Es una canción larga, densa, compleja, llena de capas y cambios. Una demostración de que los miembros de Arde Bogotá no parecen especialmente interesados en quedarse quietos en el lugar que ya han conquistado. Y eso es probablemente lo que más nos interesa de ella. La necesidad de explorar hasta dónde pueden llevar su sonido, incluso cuando podrían vivir perfectamente de repetir la fórmula que ya funciona.

En una época marcada por el ‘usar y tirar’, por canciones consumidas a velocidad de TikTok y por la necesidad constante de atrapar rápidamente al oyente, ‘La Torre Picasso’ hace exactamente lo contrario. No quiere captar tu atención, decide pedírtela prestada. Y quizá por eso tenía que estar aquí.

Porque si ‘Antiaéreo’ fue la canción que nos enseñó que Arde Bogotá podía llegar lejos, ‘La Torre Picasso’ es la que demuestra que todavía quieren descubrir hasta dónde.